Hace unos días, fuí a una obra basada en la novela corta de Gabriel García Márquez, "El coronel no tiene quien le escriba". Como no había leído el libro, le pregunté a una gran lectora, amante de los libros y buena escritora, muy querida para mí, si lo tenía en su gran colección y así fue. ¡y cómo no! si es de un Premio Nobel de Literatura de 1982.
Yo no soy critica experta de libros y mucho menos me atrevería, ante una obra tan reconocida, lo que pretendo es simplemente expresar el cúmulo de emociones y sensaciones que la obra me provocó.
Mi opinión va dirigida más hacia el interior de los personajes y cómo sus personalidades transmiten algunas veces con breves palabras, otras veces en silencios, lo que sienten por dentro. Esto es lo que me parece mágico y digno de admirar en los escritores, la habilidad de poder plasmar la condición humana y lograr que el lector visualice en su mente los personajes.
El coronel me transmite la tristeza de las personas aferradas a un pasado, para no tomar la difícil desición de aceptar una realidad adversa a lo esperado por cualquier persona en la vejez, la seguridad económica, el descanso y disfrute de la recompensa de una vida de esfuerzo y trabajo.
Aunque esta gran obra puede ubicarse en eventos del siglo XIX, yo me pregunto, cuantos coroneles podemos encontrar en la actualidad, en nuestro hermoso México, ante la mirada de aquellos que en su egoísmo se han prestado a dejar sin trabajo a otros, al borde de la tercera edad, solapando la tiranía de algunos, que no se ponen a pensar en que esos, a quienes dejan fuera, son seres humanos, que no van a poder encontrar con facilidad un nuevo medio de sustento. ¡Esa dañina estrategia de evitar pagar jubilaciones y bajar costos!
Cuando leo el andar del Coronel, por el pueblo a la hora de la siesta, siento la soledad y el abandono que experimenta. Cómo es posible que ante la mirada de tantos, él y su esposa, se consumen poco a poco, en la miseria y el hambre. El médico, es el único que muestra interés en él y su esposa, tiene la mirada del que tiene una verdadera vocación, tiene la conciencia de la existencia de los otros.
Sin embargo, ante la angustia y la impotencia, más que terquedad lo que yo veo en el coronel es un espíritu fuerte, pese al agotamiento que el hambre produce en ese cuerpo cada vez más frágil y apagado, lleva a cabo una constante lucha para alcanzar una tranquilidad económica que le permita vivir el luto por su hijo.
La mujer, como es llamada en toda la obra, me permite visualizar, a aquella esposa fiel y que expresa el constante apoyo del hombre, aún cuando las decisiones de aquel no sean compartidas por ella. Eso no quiere decir, que en muchas ocasiones sólo rompe el silencio y la aceptación, con las múltiples formas de tratar de solucionar el grave problema económico que vivían.
Puedo decir muchas cosas más, pero no quiero que este comentario se vuelva interminable.Tal vez, el Señor García Márquez, se sorprendería si le dijera que su obra, puede servir indiscutiblemente para reflexionar con parejas antes de contraer matrimonio ó para retomar uno, que ya olvidó lo fuerte que debe ser el lazo que une a un hombre y una mujer, porque en la vida, pueden haber situaciones que para muchos es plenamente justificable para dar por terminada la relación, pero para aquellos que aman con todas sus fuerzas, no.
Por supuesto, que recomiendo ampliamente la obra, desde mi humilde punto de vista, no sólo tiene un gran valor literario, sino también una extensa aportación para el análisis del comportamiento humano y sus relaciones con los demás. De cómo ante cualquier situación que la vida te presente, nunca pierdas de vista tú valor como persona y tampoco permitas que nadie atente contra la dignidad humana, propia de tu naturaleza.
¡Paz y Bien!
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