A sus escasos 8 años,
Moni, se había convertido en la tortura diaria de su hermana. Betty esperaba
nerviosa el momento en el que su hermana menor, le haría pasar la vergüenza del
día.
Por las mañanas muy
temprano, las hermanitas, se alistaban para ir a la escuela. Betty siempre
aplicada, estaba impecablemente arreglada, con su bien puesto uniforme. Su
complexión física era chiquita y delgada, pero grande era su inteligencia y por
tanto, recibía reconocimientos semanales por sus extraordinarias
calificaciones.
Moni, alegre y pizpireta,
pero perezosa en los estudios, aprovechaba esos momentos, para que la tía María,
le leyera las lecciones que debía memorizar para ese día.
-¡Pobrecita niña!
-Decía la tía María -.¡Esta no salió tan estudiosa como la hermana, hay que
ayudarla!
La tía María, caía
fácilmente en los chantajes diarios de Moni, porque era una mujer que adoraba a
los niños, pero la vida no la había premiado con ninguno. Así que sus sobrinas
eran la luz de sus ojos.
Una vez bien repasada
la tarea, pero sin que nadie sepa si estaba bien aprendida, partieron Betty y
Moni rumbo a la tan “temida” escuela, cada una por sus particulares razones, en
compañía de la tía María.
Después de asegurarse
que las niñas habían entrado, la tía se dispuso a disfrutar de caminar por el
parque que estaba justo frente a la escuela y por donde tenía que pasar de
regreso, gozando de la algarabía de los pájaros y el aroma de los árboles que
frondosos se alzaban procurando sombra y frescura a los transeúntes.
No había llegado a
medio parque cuando a lo lejos escuchó:
-¡Maríaaaaaa!!!!
La inconfundible
vocecita de Moni, la llamaba.
La tía, por supuesto,
pensó que algo serio le pasaba y apresurando el paso, regresó. Cual fue su sorpresa
que, lo que le sucedía a la niña es que no quería entrar a clase.
Pero en eso, la
cariñosa tía, no podía consentirla, pues en menudo problema se vería al
enfrentar a su hermana, la mamá de Moni y Betty.
Así que le pidió que
volviera a su salón y se animara, porque aprendería cosas muy interesantes.
Moni aunque no muy
convencida, no le quedó mas remedio que obedecer. Pero a media mañana, ya no se
aguantó y dijo:-¡Maestra, voy al permiso!
Pero en vez de
dirigirse al baño, se metió al salón de su hermana Betty y se sentó junto a
ella.
Betty muy molesta dijo:-
¡Moni!, ¿qué haces aquí? ¡Vete a tu salón!
La banca de su pupitre
era demasiado pequeña para las dos pero aún así, a Moni no le importaba.
- ¡Córrete, me voy a
caer! ¡Me quiero quedar contigo!
Betty no disimulaba su
enojo y por su escasa edad no entendía la inseguridad que su hermana
manifestaba con su actitud.
Tanto fue la
insistencia, que Betty, cayó al suelo.
Como es de esperarse,
Moni, fue descubierta por la Maestra y después de reprenderla, fue enviada a su salón.
Todos los días era el
mismo asunto, sin embargo, al llegar a casa, Betty, no manifestaba molestia ante su madre, pues quería mucho a su
hermana menor; pero las maestras de ambas, enviaron un reporte, por lo cual,
Moni, fue seriamente reprendida por su mamá, quien le recordó que si seguía
así, tendría que cambiarla de escuela.
Mucho fue el suplicio
de Betty el resto del año pues a pesar de que Moni pedía perdón, nuevamente lo
volvía a hacer.
En consecuencia a sus
acciones, el siguiente año escolar, Moni lo inició en una nueva escuela, pero
ahí, tuvo que enfrentarse sola y sorprendentemente pronto se adaptó, pues
participaba en todos los festivales y obras de teatro, propiciando esto, que
mejorara sus calificaciones.
Su inseguridad provocada
en mucho por el consentimiento de su tía y hermana, se esfumó, volviéndose así
una niña más madura y responsable.
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