Ha llamado mi
atención, en aquellas charlas entre mujeres, según, que para relajarse, la
afirmación firme y contundente, de que la realización plena de la mujer sólo se
puede lograr cuando ha logrado el éxito en su trabajo profesional.
Y cada vez que la escucho,
no puedo evitar evocar, la imagen de mi madre, que de acuerdo a las costumbres
de su época, al contraer matrimonio, abandonó el empleo que desempeñaba en una
empresa y tuvo que dedicarse al hogar.
¿Acaso mi madre nunca
logró la realización plena como mujer? ¿Su vida fue el de una mujer frustrada?
Esto me hace sentir
culpable al tener gratos recuerdos de mi niñez, pues casi puedo percibir la
sensación de paz y seguridad que me producía el contemplar la sonrisa de mi
madre al verme llegar a casa de la escuela. La calidez de su abrazo y la
felicidad de poder disfrutar de una buena comida caliente y puesta en la mesa;
además de gozar de compartir con esa mujer todas las tonterías que yo había
hecho durante el día y que para ella eran grandes hazañas y motivo de orgullo.
¿¿Motivo de orgullo??
Sí claro, y lo podía constatar, por la forma como ella lo comentaba después con
la abuela o con alguna amiga, pensando que yo no podía escucharla.
Creo que se ha llegado
a menospreciar el trabajo de la mujer en casa, porque no le han preguntado a
los hijos, lo que esto ha significado para ellos. Debemos dejar que ellos
hablen de lo importante que esto ha sido para su desarrollo emocional y social.
Por supuesto, que nadie extraña lo que nunca ha tenido; si le preguntamos a
aquellos que nunca tuvieron a la madre en casa porque eran tantos hijos, que
ella debía trabajar, la respuesta lógica
es: “que las esposas deben trabajar ó se van al extremo de exigir como
condición, que la mujer se quede en casa para atenderlo, como nunca lo han
hecho”.
En cierta ocasión,
conocí a un joven a quien un día mi madre invitó a comer a la casa y quedó
realmente sorprendido cuando lo hizo pasar a la mesa y todo ya estaba puesto
ahí, listo para comer. Fue tal su reacción y la satisfacción con la que engulló
la comida, que por un lado, no pude reprimir el deseo de tomarle una foto,
justo en el momento, en que saboreaba ¡hasta los huesos!.
Por otra parte, ella
quedó muy satisfecha por la forma de comer de este amiguito, ella decía: - ¡Qué
gusto da ver cómo disfrutan de mi comida! -.
Creo que nunca supo
que yo no me quedé con la curiosidad de a qué se debió tan efusiva forma de
comer, por lo que en la primera oportunidad, le lancé la pregunta a mi nuevo
amigo.
Su respuesta sustenta
aún más mi conclusión de que hay que preguntarle a los hijos…¡Jamás me habían
atendido así para comer!… mis hermanos y yo nos hacemos la comida cuando
llegamos de la escuela pues mi mamá trabaja.
Ahí justamente fue,
cuando aprendí a valorar el tener una madre en casa. Obviamente, me arrepentí
de las veces en que mi madre luchaba para que comiera cuando no me gustaba el
guisado.
¿No sería justo pues considerar que existen
mujeres cuya vocación es ser, simplemente “mamás”? Miren a su alrededor, aún en
la actualidad encuentran mujeres cuya plenitud está en el cuidado de la casa y
los hijos, más aún, de los nietos, cuando en la actualidad las nuevas abuelas,
están esperando a qué hora los hijos se llevan a las guarderías a los pequeños
porque ya no pueden hacer “sus cosas”. Cuestión que no es para nada descabellada, al contrario, también
merecen disfrutar de su tiempo.
Quién no ha escuchado
a la señora que intuye fácilmente, cuando el hijo está en problemas? y no estoy
hablando de niños, ni adolescentes, sino de hijos adultos, ya que ellas gozan
de un sexto sentido. Claro, lo más común es que al hijo le moleste, -¡no te
metas en mis cosas, ya estoy grandecito!- se escucha el reproche de algunos.
En fin, no trato de
convencer a ninguna mujer de cómo debe vivir o actuar, pero creo que es bueno
hacer un alto en nuestra vida personal y hacer un plan para lograr ó mantener un
equilibrio en nuestras relaciones familiares.
Que tengamos siempre
presente que el llenar la vida de detalles hechos con amor, es lo que realmente
da la paz y la alegría de una ¡Misión cumplida!
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