Saturday, December 29, 2012

La niña de los chicles.

Hoy salí a dar un paseo con mi familia, fue algo especial, ya que estamos a dos días de estrenar Año Nuevo. Casi a las 10, la noche estaba algo fría para los habitantes de esta ciudad de tierra caliente...visitando nuestra hermosa Catedral, que dicho sea de paso, luce preciosa de noche toda iluminada.
En la plaza, un grupo de jóvenes tocando y la gente disfrutando de este concierto gratuito, las calles cerradas para el libre tránsito de los visitantes, quienes observan y algunos también gustan de comprar las artesanías que ven a su paso.
Aunque fue un paseo agradable, lo único que estrujó mi corazón fue el ver a varios niños trabajando en las calles, en especial me llamó la atención una niña que vendía chicles. Le calculo unos 8 ó 9 años por su estatura, aunque su delgadez insinúa una no muy buena alimentación.
Me encontraba sentada en la banca de un parque escuchando música de trova cubana y me ofreció sus chicles, sinceramente, como andaba concentrada en la letra de la canción que escuchaba, sin pensarlo, le respondí que no, pero casi de inmediato, activé mis neuronas y reflexioné sobre la personita que tuve frente a mí y me dije, como no le compré!!!
Tenemos la costumbre en mi familia que cuando los niños nos venden chicles, damos una moneda que sea al menos 5 veces más el precio de un chicle, que es lo que tomamos, uno nada más, esto lo hacemos para que no sientan que es una limosna, sino más bien una propina.
Pues bien, le pedí a mi hija que alcanzara a la niña, e hiciera lo propio. Cuando regresa, me dice, mamá la niña me regañó, tomé sólo un chicle y me dijo: son 3 por 5 pesos, así que tuve que tomar los tres.
Claro, la moneda era de 10 pesos, afortunadamente no se dió cuenta, porque entonces, se iba a hacer acreedora de otra reprimenda...bueno no estoy segura de si no se dió cuenta, porque minutos después, la niña pasó, se le quedó mirando a mi hija y le regaló tremenda sonrisa!

Sin temor a equivocarme y hablo también por mi familia, este a sido el mejor regalo de Navidad que hemos recibido, es como si el Niño de Belén nos hubiera sonreído, pues en cada sonrisa de un niño está Jesús.

Ahora sí, como diría un querido amigo, ya me puedo ir a dormir...

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